Cuento

[Cuento] La gorda

     Abro el refrigerador y no encuentro nada para comer. Eso me pone de muy mal humor. Yo sé que apenas han pasado dos horas desde la última vez que probé bocado, pero ¿cómo demonios evito sentir tanta hambre? Qué tonta fui al no fijarme antes si contaba con las provisiones necesarias o no. Así que, aunque ya es casi la medianoche, tendré que salir a buscar comida. Es una lástima que el tipo de alimento que consumo no lo vendan en cualquier parte, bueno, que de hecho no lo vendan en ninguna parte, pero ya conseguiré algo… yo sé que siempre consigo algo sabroso para cargarle a mi cuerpo unos cuantos kilos más.
Estoy consciente de que mi gordura no me deja ni caminar ni respirar fácilmente, pero así me siento mucho más bella que todos esos flacos, raquíticos, anoréxicos y cobardes, que no se atreven a entregarse completamente a un pecado, tal como yo me he entregado al divino placer de la gula. Esos estúpidos no comprenden que estar gordo es toda una virtud… la verdadera belleza y perfección únicamente pueden apreciarse cuando al pararse desnudo frente al espejo uno puede observar un cuerpo grande, pesado y desbordado, que expresa externamente los placeres internos que se satisfacen a través de la boca. Mis brazos y piernas llenas de celulitis, son mi orgullo, porque esas señales en la piel me recuerdan lo tenaz que he sido para lograr y mantener esta figura. Y es que yo como porque quiero y lo que quiero, cosa que no todos hacen.
Hubo un tiempo, en el pasado, en el que me molestaba cuando alguien me decía cosas como: “cerda”, “marrana parada”, “bola de grasa”, “vaca”… pero ahora no saben ellos cómo disfruto escuchar esas palabras, son como un canto celestial, que apoya mi tajante adicción a los excesos comestibles.
He de confesar que no ha sido fácil afinar mi gusto. Antes simplemente comía de todo, pero llegó un momento en que pocas cosas lograban satisfacerme, todos los sabores eran repetitivos, de manera que tuve que empezar a experimentar, con la intención de algún día probar algo que fuera diferente a todo lo conocido. Afilar mis dientes fue parte del proceso, porque de otro modo no habría podido morder lo que en ese entonces comenzó a formar parte de mi menú “experimental”.
Sin detenerme ante nada logré encontrar ese sabor que no puedo dejar de buscar y que jamás me cansa. He logrado para mí una dieta selecta, incomparable, única en su género. Francamente y con pleno conocimiento del tema, puedo afirmar que no hay mayor placer que el de degustar carne humana en forma fresca. Y como yo tengo la majestuosa capacidad de distinguir entre la carne de un niño o un adulto, de un hombre o una mujer, de un viejo o un joven, puedo decir sin temor a equivocarme que ¡Soy la máxima experta en gourmet del mundo!
Bueno, afortunadamente  esta noche no tuve que alejarme demasiado de casa para que ese chico se cruzara en mi camino. De seguro el pobre no pudo captar bien lo que pasaba antes de caer desmayado. Me imagino que habrá pensado: “¿Oye, maldita gorda, por qué me muerdes?” ¡Ja!… En fin, ahora sólo me resta sacar el cuerpo del automóvil, cortar una buena ración de este suculento platillo para darme un merecido agasajo, y, finalmente, guardar las partes sobrantes como reserva en el refrigerador…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s